Finaliza el mural comunitario que une escuela, comunidad y arte en Premià de Mar
Esta semana finaliza el mural comunitario que rodea el huerto urbano de la Escuela El Pilar de Premià de Mar, un proyecto impulsado conjuntamente por el centro educativo, el Ayuntamiento de Premià de Mar y AlterArte, con la participación del alumnado de la escuela y de los diferentes servicios del Centro de Formación y Prevención.
El proyecto nace como un homenaje a Neus Català, figura ya presente en otro mural del centro. La propuesta artística ha consistido en trasladar este legado a un paisaje de frutas y hortalizas que dialoga con el huerto de la escuela, convirtiendo este espacio en un lugar de memoria, vida y comunidad.
La primera fase contó con la implicación directa de los niños y niñas de la escuela, que diseñaron las frutas y verduras que conforman el paisaje y participaron dibujándolas sobre el muro. A partir de esta base, los grupos de jóvenes, personas adultas y participantes del servicio prelaboral del Centro de Formación y Prevención han desarrollado la pintura mural, experimentando con diferentes técnicas, texturas y contrastes de color para dotar de personalidad a cada elemento.
Este año, la superficie de ladrillo del muro ha representado un importante reto técnico. Lejos de convertirse en un obstáculo, esta dificultad se ha aprovechado como una oportunidad para explorar nuevos recursos plásticos y adaptar el lenguaje pictórico a las características del soporte.
Como ocurre en cualquier proceso de creación colectiva, el diseño también ha evolucionado durante la ejecución. Inicialmente estaba previsto incorporar figuras de los niños y niñas a quienes Neus Català salvó la vida, pero esta idea se replanteó durante el proceso. Tanto los profesionales como las personas participantes coincidieron en que el mural ya transmitía plenamente su significado a través del paisaje y que añadir más elementos podía restar fuerza al conjunto. Esta decisión compartida ejemplifica una forma de trabajar basada en la escucha, la flexibilidad y la construcción colectiva.
Más allá del resultado artístico, el proyecto ha sido una experiencia de mediación comunitaria, donde la coordinación entre instituciones, profesionales, estudiantes y participantes ha sido fundamental. El trabajo transversal y horizontal ha permitido que cada persona aportara su mirada al proceso, convirtiendo el mural en una obra verdaderamente compartida.
Las altas temperaturas de estas últimas semanas también han obligado a adaptar constantemente la organización. Las sesiones se han realizado a primera hora de la mañana, reduciendo su duración y priorizando en todo momento el bienestar de las personas participantes, con pausas frecuentes, hidratación y una planificación flexible ante los imprevistos meteorológicos.
El proyecto también ha incluido una charla dirigida al alumnado de la escuela sobre salud mental, generando un espacio de encuentro y sensibilización que refuerza los vínculos entre los diferentes colectivos implicados. Esta conexión entre arte, educación, salud y comunidad es uno de los principales valores de la iniciativa.
El mural que ahora culmina es mucho más que una intervención artística: es el resultado de un proceso compartido que pone en valor la participación, la creatividad, la memoria histórica y la capacidad de construir redes entre entidades y personas. Una muestra de cómo el arte puede convertirse en una herramienta de transformación social cuando se crea desde la colaboración, la escucha y el respeto por los ritmos y las necesidades de todas las personas.
